<?xml version="1.0"?>
<rss version="2.0">
	<channel>
		<title>mimoloco.com: Natxomanía</title>
		<link>http://www.mimoloco.com/blogs/natxomania/</link>
		<description>Natxomanía</description>
		<language>es-es</language>
		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 17:10:17 GMT</pubDate>
		<lastBuildDate>Fri, 12 Mar 2010 17:10:17 GMT</lastBuildDate>
		<docs>http://blogs.law.harvard.edu/tech/rss</docs>
		<generator>oneLoad.net | ohar/1.0 </generator>
		<managingEditor>mimoloco@mimoloco.com</managingEditor>
		<webMaster>jose@oneload.net</webMaster>
		<ttl>1440</ttl>
		<item>
			<title>Desenlace</title>
			<link>http://www.mimoloco.com/blogs/natxomania/comentarios_1351.html</link>
			<description>Andaba yo recientemente cambiando los cordones de unas playeras nuevas por otros de un color mÃ¡s chutÃ³n, cuando tuve uno de esos flashbacks que sufrimos las personas que codificamos experiencias vitales de un modo tan cinematogrÃ¡fico. RecordÃ© dos episodios de mi infancia y adolescencia en los que los cordones jugaron un importante papel psÃ­quico. En ambos casos brillaba la amenaza de una inseguridad a la que, pensÃ©, tirÃ¡ndome el moco metafÃ³rico, parecÃ­a estar inexorablemente amarrado mediante los cordones. Me explico.   &lt;br /&gt;
Siempre fuÃ­ el ojito derecho de mi madre, que me sobreprotegiÃ³ con la mejor de sus intenciones, por lo que no podÃ­a evitar hacer gala de cierta inutilidad lejos del calor de sus faldas. Ejemplo de ello es lo tarde que aprendÃ­ a atarme los zapatos. El indisoluble tÃ¡ndem que hacÃ­amos preferÃ­a, equivocadamente, adaptarse al conflicto en vez de superarlo. En consecuencia, siempre usaba calzado con velcro. Una maÃ±ana, asistÃ­ a clase de gimnasia con unas playeras que habÃ­a heredado de mi hermano mayor. Deduzco que estarÃ­an como nuevas, conociendo la aficiÃ³n que tiene IvÃ¡n al deporte. No se si haciendo la carretilla o trepando por las espalderas, el nudo de una playera acabÃ³ por desatarse. Aunque ya era mÃ¡s que mayorcito para apaÃ±Ã¡rmelas, tuve que pedir a una amiga (siempre la edÃ­pica figura femenina al rescate) que me lo anudase. Me sentÃ­ pequeÃ±o, ridÃ­culo y estÃºpido.&lt;br /&gt;
De adolescente floreciÃ³ esta semilla de sentimiento de inferioridad. En plena vorÃ¡gine del grunge noventero, rodeado de toda la cantera de skaters, Djs y demÃ¡s peÃ±a guay de Getxo, estaba yo, que no sabÃ­a cÃ³mo Â“no atarmeÂ” los cordones de las playerotas como ellos. Me refiero a ese modo de anudar detrÃ¡s de la legÃ¼eta, pudiendo calzar y descalzarse sin necesidad de deshacer el nudo. Yo era un pijo repipi que se ataba el calzado bien fuerte al tobillo con lazada doble. Ni dejarme el pelo largo, ni vestirme con desgastados pantalones de pana y pellizas de segunda mano, ni demÃ¡s alardes camaleÃ³nicos pudieron sofocar las ascuas de este aire de caballerete del que hoy en dÃ­a tanto me enorgullezco.</description>
			<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 20:04:13 GMT</pubDate>
			<guid>http://www.mimoloco.com/blogs/natxomania/comentarios_1351.html</guid>
		</item>
	</channel>
</rss>
