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Lejos quedan los bucólicos paseos en bici al ritmo de melodías silbadas por chavales en jornadas calurosas de verano azul. Lejos quedan los placenteros gemidos de Millán de Martes y trece disfrazado de monja al mando de una bici sin sillín. Nadie se acuerda de las hazañas de Perico Delgado, las 5 victorias en el Tour de Francia de Indurain o el cáncer de testículo de Amstrong. Ni siquiera el buen ejemplo de los bici-polis ha cundido en nuestra sociedad. Somos la nueva tribu urbana a estigmatizar. Por nuestra bicicleta nos reconoceréis.
La sociedad avanza en ciertas materias pero se estanca o retrocede en otras. Personajes como Boris Izaguirre o Jesús Vazquez han influido en la visibilidad del homosexual patrio. Deduzco que por ello últimamente me increpan más en la calle por andar en bici que por ser maricón. Parafraseando a Alaska: La gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo. La animadversión que existe en Bilbao hacia el ciclista es alucinante. Los inmigrantes no son los únicos que debieran suscribir un contrato de respeto por las normas y costumbres. Todos, los de aquí y los de allá, caminan despreocupadamente por el bidegorri. No parecen ser sensibles a las luces de mi dinamo. Cierto es que alguno pide disculpas, pero la mayoría hace gala de toda la escala de mecanismos de defensa dirigidos a la no-aceptación de su irresponsabilidad directa. Me han gritado que vaya más despacio, que avise con el timbre, que mire por donde voy. Una anciana llegó a decirme que ella prefería andar por el bidegorri porque le resultaba más blandito. Me han amenazo y han injuriado a mis parientes más cercanos. Hacemos ejercicio y nos desplazamos resueltamente sin contaminar. Por todo ello, nos detestan.
Visto lo visto, ahora atajo a capricho por aceras o en dirección contraria. Lo hago por amor a Bilbao. Una ciudad no es realmente una metrópolis cosmopolita hasta que sus habitantes no se rigen por el más fiero de los individualismos. Si me increpan, me cabreo y tengo comprobado que cabrearme me aporta un plus de masculinidad que resulta de lo más atractivo. Como el tigre al oír el crujir de los cereales, despierta al Andoni que hay en mí. Andoni es el alter-ego heterosexual vasco que llevamos dentro todo gay o mujer heterosexual. El Mr Hyde de Natxoman. Suele apoderarse de mí también al volante, cuando algún pulpo borracho intenta sobrepasarse con alguna de mis niñas o cuando una vieja intenta colarse en la caja del super. Se me hincha la vena y soy capaz de crear polinomios de insultos tipo: “¡Cojones, mecagüen la hostia puta ya!”.
Escrito por Natxoman | 16:42 | Comentareso eso eso .....hijos de mal txingada, cabrones
Enviado por un desconocido en la oscuridad. | 2008-02-15 09:33El retrato robot parece más de un asesino en serie o violador de niñas que de tu alter ego Andoni. Vamos, yo te veo con ese careto diciendo mecago en lo que sea y echo patas por el bidegorri blandito que bajo desde autonomía al guggenheim en 1 minuto.
como mola leerte!
Buenísssssimo… Y es que siento especial debilidad por tu lado Andoni, ya lo sabes. En cuanto a la falta de civismo, si bien empatizaba 100% con tu visión de los diagonal walkers, admito que no puedo con esos ciclistas que se acogen a la nueva legislación (ajjj) y andan paralelamente de 2 en 2 en la carretera pero a 10km/hora. Eso sí, a Cesar lo que es de Cesar y a los ciclistas su bidegorri!
Enviado por La nolie | 2008-02-18 13:12Eres como la temporada de la serie más deseada. Espero a que publiques unos cuantos y me pongo a tope de serotonina!! Me muero de la risa, reflexiono y me atraganto mientras como. No te digo más.
Ya vas escribiendo esa novela!!
Si, yo también soy Andoni.