| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | |||||
| 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 |
| 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 |
| 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 |
| 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 |
La excitación de un niño calculando las miles de posibilidades de su nuevo juguete la misma mañana de Reyes. El orgullo de la folklórica que nunca pisa un escenario repitiendo bata de cola. La insípida adolescente que compra un top sexy en H&M con esperanzas de que la noche del sábado sea un poco más febril que de costumbre. Todos confluyen en el mismo punto. El poderoso atractivo que ejerce sobre nosotros la novedad de un producto. Su valor añadido. Curiosamente, aplicamos el mismo esquema a nuestras relaciones personales. Podemos no reparar en amabilidad hacia quien acabamos de conocer, pero no hacer ningún esfuerzo por contentar a quien alguna vez ha ocupado nuestro corazón.
En mi cacareada estancia en Oslo hace ya algunos años viví una agridulce experiencia. Menos plantarme en la Estación Central de Tren con un cartón en el que se leyera el desesperado lema “busco amigos”, cualquier alternativa que pudiera producir un contacto social era bienvenida. Sucedió en la lavandería del edificio. La primera impresión fue inmejorable. Una rubia platino leyendo un libro sentada encima de una secadora ronroneante. Era mi primera colada en aquella endemoniada sala repleta de mastodónticas y torpes lavadoras. Ruborizado ante mi insuperable torpeza, tuve que pedir auxilio. Ella me aclaró todas las instrucciones muy amablemente. Sonreía coquetamente y seguía mis movimientos por el rabillo del ojo. Me pregunté ¿La comunicación no verbal en los países escandinavos es diferente o mi inseguridad resulta tan atractiva que no quiere reparar en que soy gay? Entonces, metí el pié en una bolsa azul de Ikea vacía, tropecé y me caí. Nos partimos de risa. Tras las pertinentes presentaciones, me invitó a acompañarla a una fiesta Erasmus esa misma noche. Mi puesta de largo, la gran presentación en sociedad. Entramos juntos al local. Fuimos al centro de la pista de baile. Dijo: “Ahora mismo vuelvo”. No volví a verla. Nunca había pasado tan rápidamente de ser la promesa de una excitante amistad al cartucho vacío de un simple conocido más. Aguantando el tipo rodeado de adolescentes hiper-animados pensé: ¡Zorra!
No hay otro ambiente en el que este asunto sea moneda de cambio más común que en el ambiente de la promiscuidad gay. Me valdré de metáforas alimenticias. Una vez conocí por internet a un muchacho con una fantasía muy concreta: Comer helado de vainilla con un desconocido, con especial reparo en el cucurucho, claro. Me presté gustoso a ser tal desconocido. El muchacho quedó encantado con el desconocido, con la vainilla y con el cucurucho. Repetimos. Varias veces. Hasta que una vez disfrutamos del menú completo. Entrantes, primero, segundo, postre, café, copa y puro. 5 tenedores. Digno de ser incluido en la guía Michelin. Al día siguiente me dijo que había humanizado demasiado mi persona, que ya no era un desconocido para él y que había desaparecido el factor morbo en nuestro juego. No volví a verle. Me ví como el globo terráqueo de un estudiante de geografía, que una vez memorizados los nombres de las capitales de los países del mundo, no tiene el más mínimo interés por conocer todos aquellos fascinantes lugares. Jamás he sentido tan vivamente y en tan fugaz espacio de tiempo cómo se sienten un par de zapatos viejos.
Escrito por Natxoman | 17:59 | Comentarpero al final los zapatos viejos son los que nuuuuunca tiras, y siempre están ahí.
muy bueno el texto!!
ah! pueder ser la 'antesala' de la novelita, tu 'broche de oro', jajajaaa.
un beso natxo!!
Tienes la virtud de conocer gente que sigue unos parámetros de vida muy comunes, si.
¿que dirían Carry Bradshaw o Imelda Marcos de tu texto?
Primero que es genial, por supuesto, y luego a lo mejor nos explican a qué instinto básico responde su necesidad de coleccionar zapatos nuevos.traidoras de colegas!
Es como el cuento de los zapatos, bailarinas o como se llamasen, tanto desearlos para luego volverte loco. Hay que encontrar el termino medio, tirar los viejos pero seguir con "el mismo" estilo cuando te compras unos nuevos.El morbo esta en la creatividad, lo mismo que el sexo.
Enviado por LiLi | 2008-02-04 19:18Me gusta mucho el inusual tono amargo que tiene el texto de hoy.
Enviado por gaizko | 2008-02-07 13:50