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Me paso todo el santo día escuchando música clásica. Sintonizo ”Clásicos populares” de RNE y tira millas. Es lo que más me permite permanecer en ese estado de concentración y levedad que debe caracterizar la madurez. En el coche. Mientras escribo. Al cocinar. Lo curioso es que no me estoy culturizando nada, pues la escucho al trolorón. Como la peña que se compra CDs de “Jazz Chill” y demás recopilatorios chunguis. No me quedo con los autores de las piezas, sus coetáneos ni con el número de la sinfonía. A veces comentan que Herbert von Karajan dirige la orquesta que interpreta tal o cual pieza que acaba de sonar y pienso: “¡Mira qué bonito suena! Y yo que me pensaba que tenía la misma credibilidad que Luis Cobos!” Lo que son los estigmas de hacerse mainstream. Lo mismo me da Richard Clayderman que Kenny G , pero no, amigos. No deben ser iguales “Los tres tenores” que Il Divo . Pero no me preguntes por qué.
Y eso que en BUP saqué sobresaliente en Música. Total para no recordar nada. Solo recuerdo que fue entonces cuando decidí que mi pieza de música clásica favorita era El Adagio de Albinoni. Ya podía estar tranquilo si algún día me hacía famoso y una revista de tendencias me pedía completar el típico cuestionario idiota. ¿Qué te pones para dormir? ¿Cuál es tu película favorita? ¿Qué te llevarías a una isla desierta?
Además de en música, en BUP obtuve 5 sobresalientes en una evaluación. Desde entonces todo ha ido cuesta abajo. Podría haber seguido la senda trazada por tal brillante despertar académico y hoy en día sería una eminencia. Pero la salida del armario se cruzó en mi camino. Comencé a descubrir mi tendencia a los tintes capilares y al discotequerismo de medio pelo. Y se jodió el invento. Por eso creo que salir del armario es como uno de esos juegos Mineranova. Nunca debe hacerse sin la supervisión de los padres.
Más que a la serenidad de la madurez, yo achaco mi recién adquirida afición a la música clásica a un empacho sonoro. Lo mismo me pasó en Oslo. Yo era un gran aficionado al R&B y a los arreglos hip hoperos megacomerciales. Hasta que tuve que realizar mi voluntariado en una casa juvenil cultural donde se enseñaba a chavales a bailar como Justin Timberlake y a producir sus propios temas plagiando a The Neptunes. Acabé hasta el gorro de actitudes negratas acompañadas de sus manidas bases musicales. Ahora debe de estar pasándome tres cuartos de lo mismo. De tanto quemar zapatilla bailando remezclas de Benny Benassi el cuerpo me pide algo más tranquilo, ma non tropo.
Escrito por Natxoman | 10:43 | ComentarAupa
Me ha parecido despues de leer el texto que oyes la musica clasica mas bien por zanganixmo.
No te apetece mucho en esos momentos que tan bien describes preocuparte por elegir lo que oyes.
Y lo de no preocuparse por los nombres sera que no es un tema de los que sueles hablar con los compis.Si las vidas de los compositores de la musika clasica fueran conocidas por la peña seria otra cosa.
yo en otros tiempos tambien ponia la de clasica de rne mientras hacia movidas.me jarte.
Un saludop
dop
mola.
Enviado por alter | 2006-12-22 17:22"ese estado de concentración y levedad que debe caracterizar la madurez"
Enviado por guest | 2006-12-22 17:22El parrafo tres me ha alegrado la matina. Que grande!
Enviado por gzk | 2006-12-23 11:57Luego dices que a otros nos da igual si nos ponen TLC o lo que sea en la clase de ballet.
Enviado por ira | 2006-12-26 17:51recomiendo el 'adagio for strings' de samuel barber.
buenísimo.
y produce ese estado tb de levedad del que hablas.
y si te va algo más moderno, alguna pieza de bernstein o la 'rapshodia in blue'.