mimoloco

buscar
archivo
<< 2009 >>
ENE FEB MAR ABR
MAY JUN JUL AGO
SEP OCT NOV DIC
junio
Imagen en el calendario
L M X J V S D
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30
mimolocos
Mimoloco: mi vida, y la vuestra
mimolocos: Natxomanía
mimolocos: Davit
mimolocos: Vandalica
mimolocos: Anis
mimolocos: Blami
mimolocos: Kreatizides
Enlace a la versión RSS 2.0 de ésta página
Añadir a My Yahoo!
Desarrollado por oneLoad
Get Firefox!
 Bitacoras.com
 
miercoles, 3 de junio de 2009

A mi juicio

¡Claro, claro! Lo que tu digas
¡Claro, claro! Lo que tu digas

Quien diga que los informes escolares sólo sirven para subyugar al alumnado y que son inútiles a la hora de aprender valiosas lecciones, miente. Este repentino clima estival, este olor a fin de curso me ha hecho recordar una anécdota infantil de considerable valor testimonial.

Una calurosa tarde de junio, mi padre me vino a recoger al colegio. Esa misma jornada me habían entregado las notas de la ultima evaluación. Al montar en el coche y tras un par de sudorosos besos, le mostré el informe a mi padre. Era poco frecuente que él viera las notas antes que mi madre. Ella era la que me esperaba invariablemente en casa con la merienda preparada y solía tener la primicia. Al caer la noche, mi padre llegaba a casa del trabajo y juntos escenificábamos el segundo pase del espectáculo titulado “Bien hecho, hijo".

Pero el azar quiso que esta ocasión fuera diferente. Mi padre detuvo el motor del coche y leyó con gesto grave y fingida atención. Yo siempre fui un alumno notable, en el sentido matemático de la palabra. Mis calificaciones raramente variaban del siete u ocho. Al ver que en un par de asignaturas tan sólo había obtenido un bien, carraspeó en señal de desaprobación y dijo: “Estos bienes no me gustan un pelo, Natxo. Eres un chico muy listo y deberías esforzarte más”. Una apreciación de lo más coherente, a primera vista. Pero la fingida solemnidad de su tono, cierta artificiosidad en su pedagogía hicieron que saltaras las alarmas en mi. Me descubrí dudando de su capacidad de decir cuantas asignaturas cursaba, si existían exámenes globales, repescas o si el curso se dividía en semestres, trimestres o cuatrimestres. A pesar de ello, una ancestral conciencia de su masculinidad, o un escurridizo sentimiento de culpa parecía empujarle a hacer ver que estaba al tanto de esta asunto paterno-filial.

Lo más llamativo del asunto no era mi precoz divagación interior, sino la elección de la expresión exterior con la que le respondí: “Tienes razón, aita. No volverá a pasar”. Desconozco si fue este el día en el que hice uso por vez primera del más adulto de los comportamientos, la falsedad; pero he de reconocer que me ha acompañado en innumerables ocasiones. Lo que sí sé a ciencia cierta es que gracias a experiencias como esta, comprendí una valiosísima lección: Nunca busques la aceptación de aquel cuyo criterio no te merezca la más mínima estima. Sonríe y dale la razón.

Escrito por Natxoman | 21:44h | 62 comentario(s)