mimoloco

buscar
archivo
<< 2008 >>
ENE FEB MAR ABR
MAY JUN JUL AGO
SEP OCT NOV DIC
noviembre
Imagen en el calendario
L M X J V S D
1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
mimolocos
Mimoloco: mi vida, y la vuestra
mimolocos: Natxomanía
mimolocos: Davit
mimolocos: Vandalica
mimolocos: Anis
mimolocos: Blami
mimolocos: Kreatizides
Enlace a la versión RSS 2.0 de ésta página
Añadir a My Yahoo!
Desarrollado por oneLoad
Get Firefox!
 Bitacoras.com
 
lunes, 10 de noviembre de 2008

El rio suena

La gente me señala, Me apunta con el dedo.
La gente me señala, Me apunta con el dedo.

Me encanta tener una memoria de elefante (para lo que me interesa) y poder recuperar (a mi manera) mis primeras experiencias infantiles. Con todos los puntos sobre todas las íes. Como la primera vez que intuí que la democracia era una estafa.

No tendría ni 11 años. Era una jornada escolar como otra cualquiera. Los empollones remataban sus ejercicios velozmente y los repetidores pensaban en las musarañas, despatarrados, mientras se acariciaban su incipiente bigotito pre-puber. Entre ellos, yo me debatía entre ofrecer mi atención al enriquecimiento académico o la socialización con las niñas de mi entorno. Hasta que una de ellas rompió a llorar. Nuestra tutora, que con todo mi Edipismo campaba a sus anchas de la mano de mi madre en el Olimpo de las mujeres semi-diosas, se acercó a ella y la abrazó fuertemente. Ambas salieron del aula, donde se impuso una confusión y un revuelo que ni en el 23F. A los pocos minutos la profesora volvió a tomar su asiento frente al encerado. Todos guardamos silencio. Su inquisidora mirada proyectaba más de un “¡Se sienten, coño!”. Extrajo del bolsillo un papelucho arrugado, en el que estaba escrito un mensaje insultante con sus no menos ofensivas faltas ortográficas. Alguien lo había dejado en el pupitre de la víctima. “¿Quién ha escrito esto?”; preguntó. Nadie asumió la autoría. La profesora estaba dispuesta a esclarecer todos los hechos. Nos ordenó que escribiéramos en un pedazo de papel el nombre de quien considerábamos lo había perpetrado. Esta nominación secreta, esta caza de brujas en EGB, me resultó de lo más estimulante.

Unas horas más tarde, charlaba distendidamente con mi compañera de atrás. De pronto, mi idolatrada profesora alzó la voz y, con tono inculpador, aseveró: ¡Natxo, ya vale por hoy! ¡Bastante daño has hecho ya!” Me quedé atónito; boquiabierto de impotencia. ¡Una amplia mayoría de los alumnos me había considerado culpable! Pasé a engrosar la abochornante lista de personas condenadas por un crimen que jamás cometieron, como el equipo A o la primera imputada del caso Rocio Vanincof. Descubrí que los indicios jugaban en mi contra. Me pasaba el día escribiendo notitas, mensajes cifrados y demás soplapolleces. Sufrí en mis carnes el dañino efecto de los estereotipos. Estaban equivocados de cabo a rabo. La pobre muchacha no despertaba en mí mayores antipatías, no así como muchas de sus amigas, que lloraban fingidamente en las celebraciones religiosas como tonadilleras viudas, para ganarse el favoritismo del curilla de turno.

De golpe y porrazo, me vía atenazado por tres tentáculos emocionales. Uno, la desazón de saberme señalado por mis prejuiciosos compañeros. Otro, la desilusión de ver lo ilícitamente que obraba nuestra tutora. ¿Cómo no cotejó sus fuentes? ¿Por qué me sometió a juicio sumarísimo y me sentenció a arder en plaza pública cual bruja de la Inquisición? Mi profesora se despeñó del Olimpo de las mujeres semi-diosas. Y por último, el tentáculo más nihilista de todos. Se apoderó de mí una creciente desconfianza por los procedimientos democráticos, que me hace recelar ante jurados populares, finales de reality-show, elecciones generales y comunidades vecinales.

Escrito por Natxoman | 23:1h | 64 comentario(s)