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miercoles, 18 de junio de 2008

Empleo demandan

ni mezclado, ni agitado
ni mezclado, ni agitado

Aunque los recientes diluvios parecen anunciar lo contrario, llega el verano y con él, todos sus conocidos efectos colaterales: El aumento de la transpiración social en transportes inter-urbanos o la tendencia a la socialización indiscriminada, por ejemplo. Aumentan las temperaturas; se reducen las faldas y pantalones. El índice de idiotización televisiva, de marcada tendencia inflacionista, parece amenazar con más de un jueves negro. Con los críos en la playa haciendo caso omiso a los fundamentales cuadernillos de vacaciones Santillana, yo me quedo sin curro. Así que un Julio más, me veo ante un incierto futuro estival, teñido del color sepia de las hojas de ofertas de empleo periodísticas.

Suspiro y enciendo el televisor, el gran analgésico global. Emiten “Al pié de la letra”, espacio musical donde los concursantes deben entonar las entradillas y estribillos de temas populares. Entre el presentador con voz de galán caduco, bailarinas minifalderas, coristas derivados de OT y demás estrepitosa mano de obra, llama mi atención una pareja de trompeta y saxofón que durante todo el programa, y cada día, fingen tocar sus instrumentos de un modo desaforado y jovial, con la barba de ciertos días y el nudo de la pajarita deshecho. Como imbuidos por el espíritu de una gala pregrabada de nochevieja, parece que después de haber cerrado todos los afters de la periferia, hubieran acabado en el mismísimo Cotton Club. ¿Podría desempeñar yo tal puesto de trabajo? Tal vez con un esfuerzo titánico pudiera darle esquinazo a mi archi-conocido miedo escénico. No así como a la vergüenza de verme en la pantalla amiga haciendo el canelo de esa guisa.

Algo más tarde emiten mi programa placebo favorito: “Tú sí que vales”, concurso de talentos a grosso modo. Uno de los concursantes era todo un as en lo suyo. Lamentablemente, lo suyo era una de las cosas más horteras que en este mundo existen. El propio aspirante lo denominó eufemísticamente como “coctelería acrobática”. ¡Hacer malabares y filigranas con las botellas, vaya! No puedo con esta disciplina. Hasta la mismísima Grace Kelly parecería una choni coctelera en ristre. Jamás me podría dedicar a ello con la entrega necesaria para mantener mi puesto de trabajo.. Pero hay gente para todo. Incluso hay quien hace chiri-vueltas y triple tirabuzón con la masa de la pizza.

El gran acierto de “Tú sí que vales” consiste en poner de manifiesto que el talento, la gracia y el tronío son más competencia del jurado, compuesto por los Reyes Magos del saber hacer televisivo: Angel LLacer, el Melchor de la expresividad y la resolución. Noemí Galera, el Gaspar de la asertividad y el fino hijoputismo. Y por último, Los Morancos, carismáticos Baltasares de la casta Made in Spain. En eso me veo más. De jurado. Mordisqueando bolígrafos con gesto de desaprobación. Sentando cátedra. Alimentando artificialmente las ilusiones de la juventud del pelotazo para que acabe por recaer todo el peso de mis impunes veredictos sobre ella. No cruzas la pasarela.

Escrito por Natxoman | 13:31h | 7 comentario(s)
lunes, 2 de junio de 2008

Desconcierto

Corre, corre, que te pillo
Corre, corre, que te pillo

El pasado sábado 24 de Mayo asistí a una divertida e impecablemente organizada fiesta celebrada con motivo del irrisorio visionado de Eurovisión. El dress-code imponía amablemente a los invitados acudir a la cita con un atuendo que recordase a alguno de los protagonistas de la dilatada historia festivalera. Repasando el variopinto santoral de representantes españoles, un anecdótico capítulo de mi infancia emergió a la superficie de las oscuras aguas del olvido. El escenario, de tronío y pandereta, era la plaza de toros de Santoña. Sus protagonistas formaban una dicharachera formación musical. La Década Prodigiosa canta “Made in Spain”. Fue el primer concierto al que asistí y creo que tal vez por ello no soy hombre de directos. Soy más de estudio. De imposibles remezclas, featurings y productores estrella con su personal marchamo globalizado. Además, detesto estar de píe. Aguardo la cola del banco apoltronado en un asiento, no te digo más. Y en la cola del super me dan ganas de meterme dentro del carro.

Y ha sido así desde los 11 años. Tomé el asiento indicado en mi entrada. Fui solo. Mis padres aguardaban en el coche a la salida. Me dieron algunas pesetas para comprar una Fanta. Al volver a mi localidad, tropecé y se me derramó. Una madre a mi lado sentada, enternecida ante mi torpe y solitaria independencia, me compró un nuevo refresco. Agradecí el solidario gesto, sorprendido. Dio comienzo el espectáculo. La bienintencionada mujer volvió a dirigirme la palabra. Quería animarme a dejar mi privilegiada visión en la grada y bajar al mogollón del albero, donde la energía y la celebración eran mucho más intensas. “¿En qué está pensando esta señora?” me pregunté. “¿Acaso no ve que sólo soy un niño de 11 años sin compañía adulta? ¿Cómo me ve capaz de analizar las pegadizas coreografías rodeado de sudorosos botarates?”. Arrepentido de haber entablado contacto con ella, le sonreí fríamente mientras negaba con la cabeza, como cuando pasas de echar calderilla en la caja de puros de un acordeonista callejero rumano.

Y es que “La Decada Prodigiosa” merecía toda mi atención. Me chiflaban. No veía que eran poco más que una orquesta de verbena de pueblo fusilando éxitos populares a golpe de middle con arreglos cuatropeseteros. Para mí eran lo más. Dos chicos y dos chicas bailando al más puro estilo animador de resort turístico mediterráneo. Tenía todas sus cintas. La de “Lo mejor de los 60”, la de”Lo mejor de los 70” y la de “Lo mejor de los 80”. Los años 90 estaban a la vuelta de la esquina. Caí en la cuenta angustiosamente. ¿Qué futuro les deparaba? Tras un apuradísimo “Lo mejor de los 80 volumen 2” poco más se supo. En un vano intento de reciclaje musical y tras varios cambios en la plantilla (rollo Destiny´s child) volvieron bajo el agorero nombre de “La DecaDance”. Les salió el jueguecito de palabras por la culata. Fue la estocada final. 0 points.

Escrito por Natxoman | 13:9h | 4 comentario(s)