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sábado, 29 de diciembre de 2007

Yo te enseño (1ª parte)

dientes dientes dando (con) la vara
dientes dientes dando (con) la vara

Si entre tus esperanzados propósitos de nuevo año está el de cambiar de profesión, voy a ofrecerte los puntos clave para afrontar con éxito y sangre fría una de las profesiones con menos competencia. La de profesor particular:

1. El objetivo: Mantener a tu cliente durante todo el curso escolar. Los suspensos no son tan desventajosos como pueden parecer. De hecho, aumentan la sensación subjetiva de necesitar un apoyo extraescolar. Es llamativo y descorazonador el alto índice de alumnos con profesor particular que suspenden. La clave está en que confían ingenuamente en que un par de breves encuentros semanales suplen todas las horas de estudio necesarias. Lo que nos lleva al punto nº 2.

2. El lema: Sum consulatio est. Problema suyo es. Aun así, si eres de esa clase de personas responsables y autopunitivas que suelen verter sobre sí mismas la culpa de los fracasos, he aquí un pequeño truco para salvar tu perfeccionista culo. Los primeros días, entrégales unas fotocopias con ejercicios de apoyo e insta a los padres a que se responsabilicen de que sus hijos los realicen. Por norma general, tanto padres como hijos se los pasarán por el forro de los cojones. ¡Bingo! Ya tienes un salvoconducto que te permitirá verter la responsabilidad sobre ellos cuando tu alumno suspenda.

3. El feedback. Aparte de un apetitoso sueldo libre de impuestos ¿Qué te ofrecen tus clientes a cambio de tus altos conocimientos de idiomas, tu valioso tiempo y tu carisma de rol model? Un asiento privilegiado en el espectáculo de sus vidas: Fotos familiares, decoración de interiores, productos de belleza, rencillas matrimoniales. Un voyeur con formación en terapia familiar, blog y mala leche como yo prefiere todo esto a una cesta de navidad. Si esto no te resulta suficientemente motivador echa mano sin escrúpulos de libros, revistas, sudokus y demás pasatiempos.

CONTINUARA...

Escrito por Natxoman | 20:14h | 5 comentario(s)
sábado, 1 de diciembre de 2007

Past ¿Perfect?

¿En qué estaría yo pensando?
¿En qué estaría yo pensando?

En una de mis tantas horas muertas de ocio, zascandileando por los archivos de mi ordenador (deporte nacional) me topé con esta linda pic, como diría una moderna latinoamericana con fotolog. Aparte de la preciosidad del enclave, las inmejorables condiciones climáticas y la caprichosa luz solar, que proyecta la sombra de mi paquete en el muslo, haciendo que mi bañador recuerde más a un tricornio que a un speedo, algo llamó mi atención de modo alarmante. Y no es el estupor de preguntarme en qué demonios pienso para poner esa postura de pringao cuando me sacan una foto. Es la asombrosa y envidiable delgadez de mi figura.

Esta delgadez es directamente proporcional a la juventud. A medida que pasan los años, más les cuesta a los kilos pasar de mí. La ecuación es sencilla. Cojo kilos con facilidad y los pierdo con dificultad. El peso de la madurez, rezaría un eufemismo. Es bastante deprimente comprobar de primera mano cómo uno no se diferencia tanto de una lechuga en la nevera, que con el paso del tiempo va perdiendo su frescura. Al menos ella no se queda calva. Aunque lo peor es el asunto de la cicatrización. Cuanto más fuertes nos hacemos contra las mismas heridas emocionales (si no aumenta su gravedad), más indefensos estamos ante las físicas. Hoy en día, me quemo con un cigarro o me hago un arañazo y se me queda una marca durante semanas. Debe de tratarse de un eterno drama universal.

Lo que me jode es el poco valor que le damos a la juventud siendo jóvenes. Si ahora tuviera una varita mágica y pudiese recuperar la silueta de la foto, MI silueta, estaría encantado de haberme conocido, admirándome en cualquier superficie que me reflejase. Pero no recuerdo un solo día de mi vida en el que no dejase de estar insatisfecho con algo de mi cuerpo. Si no quería perder peso, quería aumentar masa muscular. ¿Trastornos alimenticios? ¿Baja autoestima? Lo dicho, eternos dramas universales. Si es que no somos conscientes de lo jóvenes que fuimos hasta que nos hacemos viejos. Es la conclusión a la que llegó la Puli sobre los laberintos de la mente humana. Nos acostumbramos enseguida a lo bueno pero no dejamos de atormentarnos por lo malo.

Pero aunque no lo parezca, he hecho grandes avances hacia la armoniosa aceptación de la madurez física. Acertadamente asesorado, ya no llevo camisetas estampadas por que no tengo edad. Cada vez estoy más tentado a adoptar look puretas, con sus camisas y americanas. He adoptado un sabio principio de mi madre, La Txiki: Hacerse mayor supone consumir cada vez menos productos pero cada vez más caros. Así que me he pedido para los Reyes un contorno de ojos de Chanel de precio inflacionista para combatir la batalla perdida. No es que aspire a ser Madonna y sudar delante de 25.000 espectadores en bañador lila con 50 años, pero es que tengo unas bolsas y unas ojeras que son intolerables. Sálvese quien pueda.

Escrito por Natxoman | 19:33h | 11 comentario(s)