| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | |
Soy plenamente consciente de que tengo mucha mayor facilidad para verle las tres patas al gato y el diente al caballo regalado. Estoy mucho más en contra que a favor de las cosas y el fondo de los textos que escribo así lo refleja. Ya sé que me tocaba defender las virtudes de algo en vez de criticarlo pero…
Coquetear con el snobismo puede ser estimulante hasta cierto punto, pasado el cual corres el peligro de quedársete cara de gilipollas. En los restaurantes mari-modernos o de gama alta lo veo muy claro. ¡Tanta floritura a la hora de describir los platos en la carta! Cuando voy a un restaurante y estoy dispuesto a gastarme un buen dinero, quiero estar libre de tensiones y esfuerzos. Detesto tener que hacer el esfuerzo de descifrar qué es lo que realmente se esconde tras tanta pompa. Por ejemplo, si pides “caos de fungui y productos del mar acompañado de tres verdes” puedes acabar comiendo un revuelto de gambas y champiñones con unas briznas de esa ensalada pre-lavada, pre-cortada e insípidamente deshidratada que venden en bolsa.
Si bien toda esta venta de gato por liebre es tan vieja como la profesión más vieja del mundo, hay una nueva forma de caradurismo hostelero del que he sido víctima y el cual quisiera denunciar. Se trata de algo que los ávidos empresarios denominan eufemísticamente “carta de aguas”. Yo comprendo que el sistema capitalista es feroz. Soy consciente del deber de diferenciarse de la competencia y de la necesidad de crear puestos de trabajo para la sobrepoblación que consumimos el planeta. Pero esta revisitación del tocomocho se lleva la palma. Un maître llegó a señarlarme que ofrecer una completa carta de aguas “se estila” mucho en los establecimientos punteros. Así, el cliente puede degustar agua mineral de Suecia, Canadá o Finlandia. Se diferencian primordialmente en el envase de cristal con un innovador diseño. El cliente puede llevárselo a casa tras pagar los 7 euros que cobran a mano armada. 2 litros de agua por 14 euros. No está nada mal.
Me recuerda al cuento del traje del emperador, cuyos súbditos ensalzaban, temerosos de ser los primeros en evidenciar que realmente iba desnudo. Uno se va a casa con su minimalistoide botella de cristal pensando ser un emperador cuando realmente es un pringao de padre y muy señor mío. Es como vender la cuadratura del círculo en envase no retornable. Como dijo mi padre El Regue, cuya necedad resulta en ocasiones visionaria, al maître : “¿Por qué cojones tenemos que importar agua desde Suecia? ¿Es que acaso no hay agua potable suficiente en España?”. Amén.
Escrito por Natxoman | 16:58h | 8 comentario(s)