Yo monto un circo y me crecen los enanos. Recientemente cogí el metro y me senté frente a un yonqui. No podía mantener los ojos abiertos, ni cerrados, atrapado en ese estado de somnífero insomnio tan característico. Aun así, se las apañó para observarme fíjamente mientras tomaba asiento, de un modo tan intrusivo que no pude evitar sonreirle y darle los buenos días. El pobre hombre contaría treinta y pocos años y tosía de una manera tan vírica que me atrevería a afirmar que no cumpliría otros tantos. Si un médico posase uno de esos palos de polo de limón para auscultar su garganta, imagino que saldría cuajado de esos gérmenes verdes y gamberros que se acumulan en el retrete si no usas Pato WC. Cuando rompía a toser, todo el vagón se miraba escandalizado, con esa manera de mal-disimular su alarma típica en la gente que se siente amenazada. Yo me limitaba a elevar el periódico que estaba leyendo a la altura de mi cara a modo de improvisado escudo antiretroviral.
Hasta que se puso a hablarle en alto a su reflejo en el cristal de la ventana. "Te la han jugado, Javi". Una bombilla se me encendió en el lóbulo parietal: "Este tiene ganas de palique". En efecto. Mirándome inexorablemente, sentenció: "Algunas veces se gana y otras se pierde, ¿No?". "Esta claro", contesté. Al ver que le seguía el rollo, volvío a mirarme de arriba abajo, reparando con especial atención en mi americana y mi corbata. A la pregunta "¿Tu qué eres? ¿Ingeniero?", Natxoman contestó "No, psicólogo" y su declaración de la renta demuestra que...MIENTE. Al escuchar esto a la gente del vagón se le escapó una mueca de despreocupación. No se sí por pensar que al ser psicólogo sabría como tratarle o por pensar que al ser el único en entablar conversación con él, si hubiera atacado, me habría mordido a mí primero. Como tan solo restaban tres estaciones para llegar a mi destino, supuse que no habría tiempo material para que las cosas se torciesen de manera incómoda.
El relato de Javi seguía así: "Es que le he tenido que dejar pasta a una amiga puta para que pueda de comer, ¿Me entiendes?, pero yo también tengo mis necesidades, y no puede ser". No iba a ser yo quién le llevara la contraria. "Que no te mareen, Javi". Al sentirse apoyado, continuó: "Mira, tio. A mi me han pasado unas cosas tan fuertes que si te las cuento, me dirías: ¿Eso que me estas contando, Javi, es verdad?. Pues sí, tio. Muy fuerte. Lo que pasa es que yo tengo un problema muy gordo y es que estoy enfermo de la cabeza, ¿Sabes?". Yo asentía. "Me gustaría poder hablar contigo alguna vez de estas movidas, como tú eres psicólogo...". Esta idea no debío de parecerme tan buena y dejé de asentir. Además había llegado mi parada. La inprovisada consulta había llegado a su fin y era hora de cerrar el caso. "Bueno. Javi. Me tengo que ir. Cuídate mucho esa tos".
Entonces sucedió. Algo en mi maternal consejo, o mi delatadora comunicación no verbal le hizo comprender a Javi, de repente, que yo era homosexual. No le debió de hacer mucha gracia pues dijo en tono burlón "Uy, sí. Pues no se, amor". Atónito por este cambio de registro, dije: "¿Perdona?". Entonces comenzó a hacer aspavientos con la mano, estilo muñeca floja de caricaturización de marica en verbena popular. También había cruzado las piernas en plan señoritinga. Todo ello ante la atenta mirada de todo el neo-conservador vagón. Yo no daba crédito. Mi homosexualidad me hacía inútil como interlocutor a ojos de Javi. Tal vez estaba pensando que de haber sido consciente antes, no habría cruzado ni una sola palabra con tal enfermo, tal despojo de la sociedad como yo. Solté una sonora carcajada de embarazo e incredulidad. Al salir del mentro me dije: "Ya tengo el Natxomania para esta semana".
Escrito por Natxoman | 11:5h | 12 comentario(s)
La felicidad debe de ser como un informe mosaico construido a base de pequeños y aparentemente insignificantes placeres: Despertarte por la mañana cuando te lo pida el cuerpo. Zambullirte en el mar en pelotas... Yo lo tengo muy claro. Mi mosaico de la felicidad quedaría desvirtuado sin el aroma, el sabor y el color de uno de sus infinitesimales elementos: el café. Es curioso que al igual que la mayoría de los placeres de esta vida, a excepción del sexo, no me gustó la primera vez que lo probé. También tuve que aprender a disfrutar de los goces que una cerveza helada, un vino o un intrusivo cigarro pudieran ofrecerme.
Por otro lado, mi gusto por el café me está haciendo ser consciente de facetas de mi personalidad de las que no estoy 100% satisfecho. Hablo de mi marcado caracter obsesivo. Siempre he sido un hombre de poco flexibles rituales. Y con el café no iba a ser menos. He establecido una red de cafeterías y/o degustaciones en las que preparan sabroso o nefasto café. De este modo se qué lugares frecuentar y/o evitar. Pero lo más alarmante es que como más me gusta es muy muy caliente, y desafortunadamente suelen prepararlo templado. Tengo tristemente comprobado que rechazo y pido que me vuelvan a preparar más caliente 2 de cada 3 cafés. Entonces, no puedo evitar sentirme como un viejo tiquismiquis. Aprendida la lección, prefiero curarme en salud y pido de antemano un café muy caliente. He llegado a rozar los límites del patetismo al darle al camarero la insincera justificación de que de no ser así, el café me sienta mal. No está nada bien mentir, por más que Carrie también lo hiciese en un capítulo de "Sex and the city" al pedir una ensalada sin un ingrediente concreto afirmando ser alérgica al mismo. ¡Pero qué demonios! ¿Acaso cuidadanos de bien como Carrie y yo no tenemos el derecho de aferrarnos a nuestras maníaticas preferencias sin dar (falsa) explicacion alguna?
Aceptémoslo. Soy un ser sumamente imperfecto. Aparte de ser propenso al ritual y a la manía, no siempre guardo una altísima imagen de mí mismo. En tales ocasiones, como el más común de los mortales, tiendo a salvaguardar mi autoestima mediante el mecanismos de defensa de la proyección. Me explico. Recientemente he cogido unos kilos de más y he descubierto la amenaza de la celulitis en zonas de vital importancia para un homosexual versatil como yo (Léase culo). Es porque jamo de todo como una lima, pero yo le echo la culpa al café. Inspirados en los baratos consejos dietéticos de revistas como "Mia", he llegado a autoconvencerme de que el café me hace retener líquidos; explicación que tiene una dudosa veracidad nutricional, pero bueno. Por el contrario, el té me resulta (digo yo) super diurético. Si me cuido, tomo té, y si me quiero dar un gustazo, bebo café. Eros y Tanatos. Pulsión de vida y Pulsión de Muerte. Hasta nueva orden, me toca hacer una de Eros y pedir insípidos tés. Eso sí, cuando arrive a casa...
Escrito por Natxoman | 23:27h | 9 comentario(s)
En esta vida ya no te puedes fiar ni de tu sombra. En todas partes surgen farsantes de todo tipo. No hago referencia solo a prevaricadores, especuladores inmobiliarios o guardas forestales asesinos. Hablo de farsas que, por su perogrullismo y por el alcance mediático alcanzado, podrían entrar directamente en el olimpo de los iconos pop de la farsa.
Algo huele a chamusquina en la historia de Piano Man , el joven y taciturno muchacho que fue encontrado en estado de shock en una playa al sur de Inglaterra. Cuenta la leyenda que una vez en en hospital, el muchacho del pelo blanco no respondía a ningún estímulo, hasta que, ofrecidos lapiz y papel, dibujó un piano de cola. Esperanzados, el equipo médico le facilitó uno y al parecer, el tío se marcó una interpretación de "El lago de los Cisnes" que se caga la perra, ganándose su archiconocido sobrenombre. Tras meses de tratamiento sin decir esta boca es mía, Piano Man se arrancó un buen día a narrar su historia a una perpleja enfermera. Afirmó que su nombre era Andreas y que había nacido en Alemania, donde su padre tenía una granja, y que era homosexual. También contó que trabajaba en París, pero que después de perder su empleo, viajó al Reino Unido. Andreas se disponía a quitarse la vida cuando fue encontrado. Lo sustancioso del caso es, como siempre, el escándalo y la rumorología. The Sun afirmó que el hospital donde fue tratado reclamaba una indemnización pues no descartaba la posibilidad de que hubiera estado actuando durante todo aquel tiempo. El abogado de la familia lo niega. Las que sí fueron sobredimensionadas por el efecto bola de nieve mediático fueron las aptitudes musicales que se le atribuyeron. "Aprendió solo a tocar el teclado en casa y sabe varias melodías, aunque no sea un virtuoso", confesó el abogado de la familia.
¿Y qué me dices de la niña salvaje de Camboya? Flipa. Perdida a los 10 años. 18 años viviendo sola en la jungla. Capturada mientras robaba comida como un animal salvaje. Ni habla, ni sabe comer con utensilios. Sus supuestos padres la reconocieron por una cicatriz en la espalda. Y digo supuestos porque ya han aparecido voces encontradas que ponen en tela de juicio la veracidad de muchas informaciones. Se habla de pruebas de ADN. Un hechicero afirma que alguien le ha tenido que cortar las uñas y el pelo a la muchacha durante todos estos años. Héctor Rifa, el psicólogo español que está a cargo de su recuperación, ha declarado: "Lo que sí hemos visto es que ha tenido que combinar ambas cosas, es decir, tiene rasgos como las manos que no están muy erosionadas, y de alguna manera... es que 18 años sola en la selva no ha podido estar, tiene que haberlo combinado con estancias en algún otro sitio". Al final descubriremos que tenía una cuenta de fotolog y toda la pesca.
Otra que no estuvo para tirar las campanas al vuelo fue Ana Frank, que junto a la ya mencionada niña salvaje camboyana y Natasha Kampush , la recientemente liberada niña secuentrada durante 8 años, forman las Bananarama de la constricción social. Nadie duda de que la pobre Ana las pasó canutas y de que murió de tifus a los 15 años de edad en un campo de concentración, como también es cierta la inmensa cantidad de dinero que ha producido su diario mega best-seller. Pero muchas son las voces que abogan por descalificarlo como más falso que el beso de Judas y afirman que fue escrito por otra persona posteriormente. Entre estos opositores se encuentran David Irving, Robert Faurisson, ex profesor de la Universidad de Lyon y el estudioso sueco Ditlieb Felderer, quién publicó un libro llamado "Anne Frank's Diary, a Hoax" (El Diario de Ana Frank, una farsa). ¿Escribió Ana un diario con un bolígrafo que no se inventaría hasta 1951? ¿Por qué se muestras caligrafías distintas? ¿Donde se encontraba el negro que le escribió la novela a Ana Rosa Quintana en el momento del crimen?
Y es que el holocausto da para mucha farsa. Que se lo digan a Enric Marco , presidente de la asociación Amical de Mauthausen. El jeta de él se ha pasado 30 años dando charlas acerca de los horrores vividos en primera persona en un campo de concentración. Pues resulta que el tipo ha confesado que no estuvo nunca en tal sitio y que se había montado toda la peli en 1978 porque según sus propias palabras "así la gente le escuchaba más y su trabajo divulgativo era más eficaz". En plan por echar balones fuera yo le culparía de todo al bigote, pues el tio se parece bastante al Cachuli. ¡Menudos piezas!
Escrito por Natxoman | 21:0h | 7 comentario(s)