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domingo, 26 de noviembre de 2006

Capítulo 2: La Contraritis

Dibu: Andresín
Dibu: Andresín

Mamografías periódicas, revisiones dentales, colchones nuevos cada 10 años… La publicidad hace gran hincapié en la prevención como mejor forma de curación. Pero nada dice acerca de uno de los males más extendidos en nuestra sociedad de la (in)comunicación: La Contraritis.

El individuo afectado de contraritis hace del “¿De qué se trata que me opongo?” su máxima vital. La sintomatología es doble: por un lado, presenta una total incapacidad para dar la razón a su interlocutor. Por otro, tiende compulsivamente a no morderse la lengua y contra-argumentar hasta las verdades más aplastantes. Mi padre, pongamos un suponer, es capaz de rasgarse las vestiduras un día por los horrores del holocausto y al día siguiente defender la política de exterminio nazi con la misma energía. Todo en función de cual sea mi punto de vista inicial. Alucinante.

Y digo “alucinante” pues, aunque poco se conoce acerca del origen de esta pandemia, yo me juego el cuello a que linda con la esquizofrenia. Con ella comparte alteraciones del pensamiento como los delirios, alucinaciones y la alteración del juicio de realidad. Un acercamiento más Freudiano abogaría por algún trauma infantil. Para mí que están enfadados con el mundo porque tienen complejo de pringados. De pequeños no debieron de gozar de esa popularidad yankie tan patogénica, de esa capacidad de liderazgo necesaria para convencer a los de su clase de que jueguen al juego que ellos proponían.

Este trastorno es totalmente compatible con una vida laboral fecunda. El contrarítico podrá desempeñar funciones de vendedor del círculo de lectores, operador de telemarketing o cualquier tarea que requiera de una nula capacidad auditiva para obviar cualquier necesidad o punto de vista del cliente y así calzarle, por ejemplo, una enciclopedia.

¿Una solución quieres? La mejor arma para defenderte de un pelma tal es pasar olímpicamente de su discurso y darle la razón en todo. Por otro lado, si eres un ser contrarítico jamás aceptarás serlo, a menos que te digan lo contrario. Aunque si solo tienes los anticuerpos y no has desarrollado plenamente el mal, aun hay esperanza. En primer lugar, durante dos semanas debes darle la razón a una 3ª persona una vez al día. La muletilla es sencilla: “Cuanta razón tiene Fulanito cuando dice…”. Una vez lograda esta meta, debes tirar la casa por la ventana y darle la razón a alguien diariamente durante otros 15 días. “Estás en lo cierto al decir…”. Es fundamental reproducir el argumento con el que estás de acuerdo. ¿Tengo o no tengo razón?

Escrito por Natxoman | 20:7h | 11 comentario(s)
viernes, 17 de noviembre de 2006

Christmas loop

Primero son los cuartos y todo ese rollo...
Primero son los cuartos y todo ese rollo...

Los tópicos en los informativos televisivos vuelven, a casa vuelven, por navidad. Siempre sucede igual: Estoy tranquilamente cenando viendo el telediario por estas fechas y, ¡Zas!, descongelan del archivo los tópicos recurrentes. Algo así como…

¿Son realmente seguros los juguetes que compramos a nuestros hijos? Para salir de dudas se le traslada la pregunta a un especialista en la materia. Un tipo que se dedica a destripar y arrancarle los ojos a ositos de peluche o a pegarles fuego a muñecas rubias. Para tranquilizar a los consumidores se despide con una recomendación: sólo comprar productos de la Unión Europea certificados como tales mediante su correspondiente pegatina; o si no, adquirir productos made in China con la misma pegatina pirateada. Los padres podrían así dormir tranquilos si no fuera por que no pueden evitar preguntarse…

¿Es normal el abusivo incremento del precio de ciertos alimentos en Navidad? Gracias a Dios, un par de reporteros se personan en cualquier mercado para grabar un par de dicharacheros testimonios marujiles y tenderiles. ¡Oh, cuanto suben las angulas! ¡Dios mío, el precio de las uvas! En diez minutos los reporteros tienen la jornada laboral finiquitada y se van a tomar unos cacharros soñando con el Pulitzer. Uno, de ellos le pregunta al otro…

¿Has visto el mítico video del villancico cantado por gatos o perros? Sí. Se trata de una abominación que cada año airean en los telediarios. Un montaje en el que diferentes tomas de gatos o perros ataviados con sombreros de nochevieja o collares de espumillón parecen entonar un cántico popular. Menos mal que esta sórdida estampa es aliviada por la feliz imagen de los ganadores de la lotería pues…

¿Acaso hay algo más navideño que la envidiable imagen de la típica peña en una tasca o en una gris oficina derrochando buenrollismo a la española por ser algunos millones más afortunados que hace un par de horas?

Visto lo requetevisto, he decidido que quiero completar mi versátil currículum de curros basurillas con uno muy especial. No. No quiero ser ni niño de San Ildefonso, ni el viejales jarto ese que luce traje, chistera y paraguas follados de décimos de loteria. Quiero ser actor extra que finge ser parte de la redacción falsa que hay detrás de los presentadores de informativos. Nuevas preguntas torturan mi imaginación: ¿Les llamarán de una ETT? ¿Cobrarán 8 euros la hora? ¿ Algún año conseguiré retransmitir las campanadas? Sí no tuviera miedo escénico...

Escrito por Natxoman | 0:33h | 12 comentario(s)
sábado, 11 de noviembre de 2006

No me digas

¿Todo aquel que habla tiene algo que decir?
¿Todo aquel que habla tiene algo que decir?

Del mismo modo que a Julio Jose Iglesias sólo le preguntar acerca de su célebre madre y su carrera profesional fantasma, a mí siempre me preguntan la misma cosa: ¿De donde surgen las ideas para escribir los Natxomanias? “Tienes que ser un tipo muy observador” añaden algunos. Lo cierto es que la inmensa mayoría de las veces la cosa no tiene mérito alguno, pues la puta realidad (como cantara Mónica Naranjo) se te planta en los morros inexorablemente y sin mediar palabra.

Hace unas semanas esta inexorable realidad se me presentó personificada en forma de mujer. Nada para tirar las campanas al vuelo, queridos lectores heterosexuales. Mi matemático ojo de buen cubero le echaría unos cuarenta y pocos años. Estaba yo trabajando en un stand de información de Getxo instalado en el Puerto Deportivo. La buena (¿o era pobre?) mujer curraba de segurata. Chaleco amarillo fosfo al canto. No se si fue antes el huevo o la gallina, pero el caso es que soy de la opinión de que la mayoría de los seguratas son bastante corquis. Esta sujeta no era una excepción.

Andaba yo echando un vistacito fugaz al periódico cuando la mujer me abordó y me contó su vida. Te lanzan el anzuelo con una preguntita inocente y luego sueltan el carrete entero. En menos de lo que tardé en pasar dos páginas me contó que había sido esteticien y masajista desde el 82. Cuando cerró su negocio, un colega segurata le aconsejó realizar un curso preparatorio y a la semana de acabarlo le habían ofrecido este su primer trabajo como técnico de seguridad. El trabajo era bastante agotador pero cuando necesitas las habichuelas todo es bienvenido. Estaba currando de 10 de la mañana a 2 de la noche, pero a ella le daba igual porque estaba más sola que la una y nadie le esperaba en casa. Este último dato y su lacrimosa mirada estilo Maritrini confirmaron mi sospecha: Nuestra amiga le daba al frasco fijo. Yo comprendo que el mundo laboral está fatal y vivimos en una sociedad deshumanizada y eso. ¿Pero qué culpa tengo yo?

Las desgracias nunca vienen solas y el mal acecha donde menos te lo esperas. Como la sauna de mi gimnasio, por ejemplo. Fue allí donde hace unos días viví otra experiencia del tipo “comerorejas reloaded”. Esta vez en el verdugo era un joven y delgado muchacho de aspecto inofensivo. Su frase para romper el hielo me produjo escalofríos, a pesar del calor corporal que emanábamos. “!Qué movida lo del Athletic el otro día, ¿No?”. Dicho lo cual me ofreció desinteresadamente un breve extracto de su biografía. Nacido en Madrid, de padre del Real Madrid, educación formal cursada en colegio de curas, aficionado a los deportes; especialmente al motociclismo. Desnudos y empapados en sudor, le miré con la más gays de mis sonrisas y le dije que el único deporte que seguía con interés era el salto de trampolín masculino sincronizado. Eso le pasa por no visitar esta ilustre web.

Escrito por Natxoman | 19:10h | 13 comentario(s)
lunes, 6 de noviembre de 2006

Mala hierba

Ya están aquí y han venido para quedarse
Ya están aquí y han venido para quedarse

Esto de las plumas es una puta invasión. No lo digo yo, lo dice Santi, el dueño de la degustación que diariamente frecuenta mi madre, la Txiki. Este gentil hombre es la fuente de información del 90% de los temas de conversación de sobremesa en mi casa. Fue quien recomendó a mi madre comprarse su flamante Toyota Corolla, por ejemplo. Mi padre, el Regue, le tiene paquete, claro está, pues la Txiki le da mazo de credibilidad. Es como cuando los hijos dan más credibilidad a los profesores que a los padres: “Si lo se no le escolarizo” acaban por pensar estos últimos.

El asunto es que Santi nos hizo conscientes de la invasión de las ultraplumas. Y no hablo de la proliferación de conductas homosexuales. Hablo de botánica y biodiversidad. De los Carrizos de la Pampa o gimnerios , más conocidos como plumeros. Sí, los responsables de llenar campos y ciudades de pelusa blanca con su consiguiente instigación de reacciones alérgicas. Se trata de una especie exótica invasora. Fue traída a España por el insensato hombre hace décadas desde el sur de Brasil, Uruguay y Argentina para la ornamentación de jardines y la producción de cestas y celulosa.

Fueron unos inconscientes, dado que ignoraban que esta especie es la finalista de las plantas y compite con otras especies vegetales por los recursos, puede favorecer la extinción de las especies autóctonas con las que entra en competencia por el alimento o por el territorio, se hibrida y transmite enfermedades. Es responsable de la pérdida del valor agrario de tierras, del desplome de construcciones y tendidos, de la obstaculización de caminos y de la dispersión de plagas. Además tiene una capacidad reproductora que ni la de Iñaki Urdangarín. Sus raíces pueden alcanzar el metro de longitud, lo que les permite reproducirse incluso después de los incendios.

Ahora estoy super emparanoiado con los putos plumeros, oye. Es verlos y darme un noseque. Lagarto, lagarto. Me he dado cuenta de que la política del terror que Estados Unidos ha convertido en hit diplomático tiene tentáculos muy finos. No puedo evitar pensar que tal vez los plumeros de marras sean responsables de tantos males. La amenaza de lo extraño como chivo expiatorio.

A mi padre, el Regue, le pasa igual, pero con la inmigración. En su retorcida y pueril mente, latinoamericanos y rumanos son responsables hasta del calentamiento global, sí bien el centro de sus iras es ZP y el efecto llamada de su negligente gestión. El Regue, huelga decirlo, es partidario de colgar de los cojones a los violadores, por ejemplo. Es el Risto Mejide (mi ídolo) de la comunidad de vecinos. ¡Vaya dos!

Escrito por Natxoman | 13:29h | 9 comentario(s)