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El periodismo no sirve para nada. Ni despierta conciencias, ni produce cambios. Al más puro estilo garganta profunda, hace tiempo denuncié en una web sobre televisión una cruenta amenaza. El proyecto de adaptación de Sex and the city a la española capitaneado por Ana Obregón. Pero no he podido evitar la masacre. Ana estrena Ellas y el sexo débil. Reproduzco aquí mi crónica de una muerte anunciada:
Esto de los agujeros legales es exasperante. Existen toda una serie de delitos que aún no están legalmente considerados como tales. Por lo tanto, no se puede golpear con toda la fuerza ciega de la justicia a los malhechores que los cometen. No hablo del bulling, ni de la violencia de género. Hablo de Ana García Obregón. Anita amenaza con una nueva serie, la adaptación española de `Sexo en Nueva York´. ¡Pido prisión preventiva ya! ¿Acaso no estamos hablando de un claro caso de crimen contra la humanidad?
Me considero un auténtico devoto de esta serie. A lo largo de sus 6 temporadas he reído, reflexionado y me he emocionado con las agridulces peripecias de las cuatro idílicas neoyorquinas, muy especialmente de la mano de su protagonista, Carrie Bradshaw, un ser entrañable e imperfecto que busca antídoto a su neurosis en carísimo calzado, Marlboro Light, cosmopolitans y en la empatía y complicidad de sus incondicionales amigas. El papel está encarnado por la carismática Sarah Jessica Parker, un actrizón cuyo talento, versatilidad e imperfecta belleza han sido la marca de la casa.
En España la serie no ha alcanzado las cuotas de popularidad cosechadas en otros países por dos razones. Por un lado, la serie fue estrenada en un principio sólo para abonados a Canal+ y posteriormente se ha emitido en Antena3, en ambos casos a altas horas de la noche. A este handicap se le une la tercermundista manía que existe en nuestro país al doblaje en detrimento de la versión original subtitulada, el cual simplemente viola y desfigura el carisma de la serie.
¿Qué demonios pretende la Obregón? Yo opino que Anita quiere alimentar su narcisismo y su trastorno de la personalidad deshonrando a este capítulo de la historia de la televisión. Creo que Anita ha creído encontrar una nueva forma de exhibirse a imagen y semejanza de sus enfermizas fantasías adolescentes de vieja pelleja. Deseable, chic; aunque solo consiga parecer una patética carroza ricachona desesperada por beneficiarse al limpiador de la piscina. La cosa no iría tan mal encaminada si fuera a interpretar al personaje de Samantha, intrépida cuarentona amiga de la experimentación sexual y enemiga de los estragos que el paso del tiempo hace en su cuerpo. Ana conseguiría exorcizar su fantasma, reírse de ella misma, coquetear con nuevos registros y yo me quitaría el sombrero.
Lamentablemente, todo apunta a ser un paso más en la degradación social de la imagen de Ana Obregón, muy al estilo del documental íntimo de Michael Jackson. Niña bien, en los ochenta estudió en el Actor´s Studio de Nueva York, gracias a cuya experiencia se deberán sus apariciones en el equipo A y la paella que le hizo a Steven Spielberg. Entonces se empezó a forjar un monstruo. Vino la leyenda urbana de la explosión del implante de silicona en altos vuelos. El resto queda (dolorosamente tatuado) en el inconsciente colectivo.
Yo espero que hagamos uso del mando para no alimentar más sus delirios. Os encomiendo a que demos la espalda a este engendro hagamos uso del mando como arma de construcción masiva. Ya se que Frankenstein también tenía su corazoncito, pero yo me decanto más por la postura del populacho. ¡Prendamos fuego al monstruo!
Escrito por Natxoman | 10:33h | 20 comentario(s)
Hace tiempo que llevo rondando la idea de confesar una auténtica insustancialidad: Soy pro El canto del loco. O sea, estoy super a favor de Dani y toda su banda. Cuando conduzco, sólo escucho los 40 principales, pues nada me sube más el pavo que sintonizar un temilla rockero baraturrio de esta formación. Me pongo tope de contento, oye. Ya se sale sí después la emisora estrella del dial me deleita con un baladón de gorgorito trillado a dos o tres voces tipo Chenoa o Merche. A veces tengo complejo de mal gusto musical e intento sintonizar Kiss FM o Euskadi Gaztea, pero no me van. Siempre acabo escuchando temas de Status Quo o Dire Straits y por esas si que no paso.
Mimoloco fue quién me abrió los ojos. A su acertado modo de ver “El canto” es la única banda que respetablemente puede recoger el testigo de la tradición “fenómeno de fans poperil” que dejaron huérfana Hombres G tras su disolución. En mi opinión van más allá. A mí los Hombres G me parecían unos mantas y unos pánfilos de mucho cuidado. El canto del loco me inspira mucha más energía musical. Con su guitarrismo dominguero y sus voces nasales.
Pero vayamos al grano. Como intuiréis no albergo la intención de exponer mi opinión musical de esta panda de chicos. No. Una imagen vale más que mil guitarras, y el asunto es que estos chicos me ponen. Si tuviera una hija adolescente con piercing en el ombligo y pantalones de campana de Bershka que le tira el sujetador a Dani mientras canta en concierto, le demostraría toda mi compresión parental. En cambio, la metería en un internado si se pasase las tardes muertas sola en el cuarto haciendo playbacks de La oreja de Van Gogh (o del eyaculador precoz de Alex Ubago) con el cepillo del pelo a modo de micro y un jerseicito atado a la cintura para disimular su complejo de culo gordo.
Ellos son sumamente conscientes de la sexualidad que rezuman. Sobre todo el cantante Dani y David Otero, el guitarrista (inmortalizados en la foto).Los responsables de su imagen lo explotan al máximo. No se si será mi calenturienta mente homosexual o cosa de una orquestada estrategia de marketing, pero en sus videoclips los dos mozos suelen cantar al mismo micrófono mirándose a los morros de un modo más que rockero, diría yo. En el spot televisivo de su último CD, Dani y David se marcan (en dos ocasiones) un rotundo muerdo. ¿Están jugando también con las hormonas y ahorrillos de cientos de gays preadolescentes? Si mi hijo les arrojase sus calzoncillos al escenario en un ataque de desenfreno, le apoyaría sobremanera. Eso sí, ¡Que no se me retoque las cejas, por amor bendito!
Escrito por Natxoman | 16:17h | 32 comentario(s)