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Estoy decepcionadísimo conmigo mismo. Desde que tengo uso de razón pienso que la grandeza del ser humano radica en su individualidad y en su capacidad de concebirse libre de cualquier dogma religioso. El ser humano es digno por sí mismo, y no hijo, invento o discípulo de ninguna deidad. Estas deidades no hacen más que concebirnos como viles sombras, como seres dependientes.
Pues he llegado a la conclusión de que tengo Fe. Creo. Cada día me subordino a un cuerpo de supercherías que me esclavizan. Mi religión es la cosmética. Sí, los potingues.
Esta religión tiene sus propios mandamientos: No te acostarás sin haberte limpiado y tonificado el rostro. No usarás el contorno de ojos en vano. Y los domingos, día de la exfoliación, prestando especial atención a la zona T, cruz donde expío mis pecados del fin de semana.
Los reyes magos, en vez de mirra, bien podrían haberle traído a Jesús una buena crema hidratante; en el desierto antes de Cristo se te tenía que quedar la piel seca como la mojama. Mucha multiplicación de panes y peces, pero lo suyo hubiera sido regalar a cada fiel un iluminador Radiant Touch de Ives Saint Laurent. Mano de santo.
El poder que esta fe ejerce sobre mí es similar al de la fe católica. Se basa en el miedo y en la culpa. Si no me limpio los dientes con hilo dental cada noche, me siento fatal al día siguiente. “Eres un vago pecador expulsado del reino de las sonrisas Profident” me fustigo. ¡Cuan decepcionante es esto para el librepensador que me creo ser! Yo, que me enorgullezco de pensar que Jesucristo fue el primer chupa-cámaras de la historia, mira donde he acabado: de peregrinación a un In Faradis.
El asunto es que creo en el más allá. En un mundo celestial reservado a los más aplicados. Esta vida no es más que una vista judicial repleta de alopecias, puntos negros, pelos enquistados y durezas en los pies. Arriba nos espera un universo reluciente de alientos frescos y caricias nutritivas. Si más de una Santa se flagelaba por mor de visionar ese paraíso, ¿No es acaso depilarse a la cera penitencia suficiente?
Escrito por Natxoman | 21:53h | 15 comentario(s)
Tengo un problema de comunicación con los demás. La causa, si bien fácilmente identificable, no resulta sencilla de corregir. Podría resumirlo en un sencillo paradigma: ¡La peña está chiflada! El 50% de las cosas que escucho me parecen chorradas; el 25% no tienen ni pies ni cabeza. Queda un 25% en el limbo reservado a las anécdotas que consiguen sacarme unos cuantos “Haces bien” o “Puede ser”, en un cuestionable arranque de euforia y empatía.
Podría detallar un sinfín de historias: Muchachas que son capaces de inventarse anécdotas sobre famosos para hacerse las listas y/o graciosas. Ex-amigos despechados aferrándose a pajas en ojos ajenos por olvidar vigas en los propios. Conocidos capaces de hacer el ridículo social por evitar que se les caigan los anillos y no tener que balbucear un triste “lo siento”. Chicos que, en su afán por quedar bien, quedan fatal… Entre lo uno y lo otro, esta temporada he venido sufriendo una serie de situaciones con alto índice de ortopedia comunicacional. Frases como “¿Y a mí qué coño me cuentas?” o “¿Realmente te crees lo que estás diciendo?” no paran de metralletearme la cabeza.
El déspota ilustrado que llevo dentro ha llegado a pensar que será cuestión de cultura, de falta de referentes. Tal vez la gente no sabe codificar bien sus pensamientos y emociones en palabras por no haber descodificado pelis o libros. Pero no te creas; conozco casos de gente con amplias bibliotecas y muy poca pericia vital.
Si soy tan listo y tan simpático, ¿Por qué mi relación con los demás no cesa de resultarme frustrante? En un alarde de prepotencia cuasi-patológica he llegado a racionalizarlo de esta manera: Soy como un niño superdotado que, por tan fáciles y nimias que le resultan las asignaturas, no pone el más mínimo interés y las penca todas.
Todos tenemos un Angel y un Demonio en nuestra conciencia. Mi demonio es nudista, un tanto hooligan y la tiene bien grande. El Angel es muy mimoso y posa estupendamente en las fotos. El Demonio me come la oreja diciendo que la gente es gilipollas y que pase de todo quisqui. Por otro lado, el Angel intenta hacerme ver que tal vez el problema resida en mí, en mi soberbia, o en última instancia en mi incapacidad de ser impermeable a estas frustraciones. Incluso las trifulcas entre estos dos personajes me rayan. Solo consigo evadirme cocinando o leyendo. Cada día cobra más protagonismo en mí la frase que inmortalizó Greta Garbo: ¡Dejadme sola!
Escrito por Natxoman | 20:15h | 27 comentario(s)
Creo que al chico A le gusto. Igual estoy equivocado. Creo que el chico B se piensa que me gusta. Si es así, se equivoca.Soy amable con el chico A. El chico B es amable conmigo.
No le llamo al chico A, prefiero hacer otras cosas. El chico B no me llama, tiene otras prioridades.El chico A va de interesante. ¿De qué va el chico B?Y ¿Seré tan egocéntrico de dar por hecho que le gusto al chico A y de no poder aceptar que no le gusto al chico B?
PD: Por más que he puesto a caldo el modus vivendi de la cultura de la cámara digital, la globalización ha podido conmigo y he abierto mi propio fotolog. www.fotolog.com/natxomania . Mi intención era registrarme como "Natxoman", pero ya existe un tipo en Sevilla que se me adelantó. ¿Con qué derecho? Me gustaría ser abogado y meterle un paquete judicial...
Escrito por Natxoman | 16:38h | 5 comentario(s)
Otros gays son incapaces de referirse a si mismos en términos femeninos. Por ejemplo, no pueden estar “hecha una cerda” o “ponerse toda histérica”. Pensarán que, si son homosexuales, es porque les gustan los hombres siendo hombres, y no las nenazas, ni pretender que son mujeres. A mí, por un lado, me parece un poco filosofía barata carcelaria en la que si das por culo en las duchas sigues siendo un hombre pero si te dan eres un mariposón y te han quitado la flor. Por otro lado, me parece un acto de ignorancia de la historia del cine y la literatura, y una falta de respeto a la MUJER con Mayúsculas. Si tienes un domingo depre y te zampas medio kilo de helado de chocolatorro estas “hecha una cerda”, y te lo repites a ti mismo: ¡Natxo, estas hecha una cerda! Estar “hecho un cerdo” es la mitad del pecado, la mitad del camino autodestructivo. Si estas “hecha una cerda” puede que tropieces otra vez con la misma piedra, pero el propósito es mucho más firme.
Si te sientes insultado, menospreciado o te han dado plantón te pones “toda histérica”. Cualquiera que haya visto "Mujeres al borde de un ataque de nervios" puede saber por donde van los tiros. En la peli, Pepa, la prota, se pone “toda histérica”. Y se saca las castañas del fuego sin bajarse de sus taconazos, retocándose el colorete, sin olvidarse de regar las plantas de su aticazo inverosimil, tirando para delante y con un par. Tal vez el carrerón que se pega por todo Madrid hubiera ido más ligero sin tacones, sin minifalda estrecha, sin tomarse una pausita para cambiarse el body y pasarse el cepillo. Más ligero, pero menos efectivo. Pues todas esas cosas son ella misma, y ella misma sale de su apuro. Toda una mujer. Y si un topicazo es cierto es que la mujer tiene mucha más tolerancia al dolor, por el rollo parto y menstruación, dicen. Por eso la histeria debería ser patrimonio de la mujer, pues nadie como ella sabe torearla, interpretarla, zambullirse en ella para acabar esquivándola. Si me dejase mi novio no me pondría “todo histérico”, pues es como si nuestros días de vino y rosas hubieran tenido la mitad del valor. Me pondría “toda histérica”. Recomiendo a todo hombre heterosexual deprimido o enfurecido ponerse “hecha una cerda” o “toda histérica”, respectivamente.
Otro ejemplo es la negativa rotunda de muchos homosexuales a disfrazarse de mujer, como por ejemplo 1,2,3 responda otra vez enfermera: Enfermera, puta, monja, monja puta, maruja. En cambio, son capaces de disfrazarse de objetos. Racimo de uvas rodeado de globos o cajetilla de tabaco. Yo soy mucho más antropomorfo que todo eso. Jamás me podría disfrazar de modo que no estubiera insultantemente favorecido, asi que me disfrazo de Robin (el de Batman), marinero, conejito de playboy...
A modo de revista de tendencias femenina asquerosa en la que se insta a la mujer a la neurosis con tal de que compre cositas, dire: Lo que se lleva es ser natural. ¿Que eres más macho que el eslabón perdido?, sé. ¿Que pierdes aceite?, pierde. Pero El homófobo que hay en mí no soporta esas locazas que van sobreactuando y dando la nota por ahí. Es que no los aguanto. ¡Me ponen enferma!
Escrito por Natxoman | 23:51h | 4 comentario(s)
Todo homosexual lleva un homófobo dentro. Todo se remonta a la salida del armario. Tipo antes y después de Cristo. Sin homófobo no habría armario. Tiene una explicación muy biológica. ¿Por qué nos parecen tan monos los bebes y los cachorros? Porque sus caras están diseñadas para evitar el ataque, como medida de protección y supervivencia. Por eso ET arrasó en taquilla, pues conscientes de este hecho, diseñaron su careto para despertar ese sentimiento protección.
¿Por qué odiamos a los adolescentes? No sólo por esas narices desproporcionadas, esa estampida de granos, o porque cuando se juntan en un vagón de metro gritan como un gallinero, se ríen de las estupideces más elementales y hacen gala del patético ritual de apareamiento de forcejear con el tío que te mola ( ¡Jo!) No. Les odiamos porque dentro de nosotros despiertan el adolescente que fuimos, el adolescente que odiamos haber sido. Nos retrotraen al trauma de la repulsa por los primeros pelos púbicos.
Pues eso, y encima te llaman maricón. Afortunadamente hay un momento crucial en el desarrollo sexual homosexual en el que reniegas de verte como un bicho raro, como una mutación genética de la naturaleza. Es más, aceptas poder ser una mutación genética de la naturaleza, y al que le pique que rinda cuentas con la naturaleza, que tú te vas a un after. Pero los oscuros días de incomprensión y homofobia autoinflingida quedan en el carácter como cicatrices en el alma. Este homófobo ataca de las más diversas maneras:
Muchos gays reniegan de la pluma como de la peste bubónica. Que si tienes ramalazo. ¡Pues claro, ¿No voy a tener?! Me he pasado toda mi infancia rodeado de estrechas amistades femeninas. Ojeando el "Hola" en la playa con mi madre, mi tía y mi abuela. Viendo videos de Madonna y películas de Almodovar. El mundo femenino me fascinaba. En mi futuro una de dos, o era un Casanova o desarrollaba ramalazo. Pretender lo contrario hubiera sido como ser de Los Jackson Five y querer ser blanco.
Una vez me castigaron sin recreo por pegarle una bofetada a una niña tres años menor que imitó mis refinados ademanes. Me pareció el colmo, algo que ni el mismito Ghandi con su resistencia pasiva hubiera tolerado. Mi profesora de historia, una mujer admirable de una sabiduría infinita, se quedo muy extrañada al ver que un alumno notable había sido castigado por el director. Me preguntó la razón y yo se la expliqué. Entonces ella me dio el peor consejo que nunca me han dado:"Natxo, todos sabemos como eres, y te queremos mucho. Sabemos que a veces se te escapa un así o un asá, y no pasa nada. Pero hay algo que puedes hacer, y es intentar que se te note un poquito menos".
Agradecí sinceramente este consejo pues me parecía de lo más razonable. Vamos, como un estudiante ario y rubiazo de las juventudes nazis en una clase de morfología humana, esas en las que enseñaban gráficos de los perfiles y narizones judíos. "Claro, ¿Cómo no había caído en la cuenta antes? Los judíos son una raza inferior: Exterminémosles a todos!" En su momento me pareció un avance poner las cartas sobre la mesa con un adulto, y eso era de agradecer. Pero gracias única y exclusivamente a mí.
TO BE CONTINUED
Escrito por Natxoman | 17:50h | 5 comentario(s)